Alexander Payne nos vuelve a sorprender con este film donde mezcla amor, tragedia y comedia para llegar a su madurez como director y coronarse como el gran maestro de la comedia humana.

El cine de Payne, caracterizado por retratar –o ridiculizar– la naturaleza humana, llega a su máximo apogeo con esta cinta protagonizada por un Clooney soberbio donde nos muestra los embrollos y los secretos de una familia aparentemente feliz y normal como cualquier otra. La vida plácida y acomodada de Matt (George Clooney), un hombre cerrado en sus negocios, se ve truncada cuando la madre de familia padece un grave accidente que la deja en coma. Esto llevará a Matt a despertar de una vida irreal y centrarse en su familia pero descubrirá un matrimonio roto y una relación casi inexistente con sus dos hijas.
El director estadounidense, conocido por el gran público por sus obras maestras Entre copas y A propósito de Schmidt, muestra, nuevamente, sus dotes como especialista en describir lo que realmente somos, en desentrañar nuestro verdadero yo y descubrir nuestras imperfecciones. Otro de los grandes éxitos de Payne, que ya consiguió en sus dos últimos films, es la forma tan brillante que tiene por incorporar el paisaje en el que transcurre la acción (Hawaii) en el paisaje de las emociones de sus personajes. Simplemente, genial. Hacia cinco años, desde Entre copas, que no aparecía en escena pero ha vuelto, y de qué manera, con esta gran película que se ha convertido, sin ninguna duda, en una de las mejores de este 2012.
Pero esta película no sería la misma sin la gran actuación de George Clooney, que ofrece, quizá, la mejor interpretación en toda su carrera cinematográfica. Se desnuda de los viejos estereotipos para mostrar lo mejor de sí mismo. En Los descendientes, no vemos un Clooney seductor, vemos un padre de familia destrozado por la tragedia y la humillación que acaba de padecer. El film de Payne nos permite ver un Clooney prácticamente desconocido hasta ahora, un Clooney de puras emociones, de puros sentimientos, que lucha, aunque tarde, por su familia.
Por último, tampoco se ha de desmerecer la actuación de las dos hijas, Alexandra (Shailene Woodley) y Scottie (Amara Miller). Sobretodo por lo que respecta al caso de la mayor de las hermanas, Woodley, que está en una fase ascendente como actriz y, con tan sólo 20 años, su trabajo en Los descendientes permite augurar una carrera muy prometedora.
Eric Macho Cánovas